NÚMERO DE VISITAS

martes, 17 de mayo de 2016

MONASTERIO DE EL ESCORIAL. APUNTES DE ARQUITECTURA: Fachadas

Para dar soporte a una de las rutas de El pozo de Harod, preparo este post en el que visitaremos los exteriores del Monasterio de El Escorial (Madrid), concentrándonos en sus cuatro fachadas.
Por el acceso al Jardín de los Frailes, debajo del paso que conecta los edificios a ambos lados de la carretera principal, se llega a la fachada sur, que fija la mirada en el inmenso Bosque de la Herrería y que se considera la más bella de las cuatro.

Vistas de la fachada sur
Esta fachada es singular por varias razones.
Una de ellas es que por aquí comenzaron las obras del Monasterio. De hecho, hacia la mitad de ella podemos ver una lápida de granito, restaurada y sin inscripción al tiempo de escribir esta entrada, que oculta la primera piedra.

Esta piedra, que mide 40 cm. de alto y 160 cm. de largo, fue colocada el 23 de abril de 1563, día en que astros y planetas tuvieron la alineación esperada, pues ya se sabe que Arquitectura y misticismo iban de la mano en aquellos días.
El lugar elegido fue la mitad de la zanja de cimentación de esta fachada, abierta un año antes. El lugar exacto no fue mera casualidad ni un "¿Qué te parece Juan? ¿La colocamos aquí mismo?" Se buscó ubicarla bajo el asiento del Prior en el refectorio, pues así se simbolizaba el grado de autoridad que este tenía sobre el edificio, mientras se evidenciaba el hecho de que toda obra del hombre debe tener fundamentos divinos desde su mismísimo principio.
La parte visible de la piedra lleva grabada el nombre del fundador, Felipe II, pero es sabido por la documentación existente en la biblioteca del Monasterio que incorpora en otra de sus caras la inscripción “Dios óptimo máximo vele por esta obra” en latín.
La ubicación de esta primera piedra fue un misterio durante siglos, hasta que unas obras realizadas en 1971 para construir nuevas cocinas en la zona la puso al descubierto.

Esta fachada mide 161 m. de longitud e incorpora hasta 188 ventanas. Pero de ella llama la atención la llamada Galería de los Convalecientes, una galería porticada en ángulo recto, con dos plantas que miran directamente al estanque.

Galería de los Convalecientes

Y es que no podemos obviar que, en su origen, esta zona del Monasterio albergaba una botica (de hecho, nada más entrar por el acceso del Jardín de los Frailes, a la derecha, se halla un pequeño patio, el Patio de la Botica) y una enfermería, y estaba concebida como zona de reposo, tal y como prueba la lápida existente en uno de los paramentos del jardín del rey, al fondo del Jardín de los Frailes.

Precisamente en este sector es donde podemos disfrutar de la complejidad de la fachada este, de 207 m. de longitud, con los jardines privados del rey y de la reina a sus pies y, asomándose al balcón, el antiguo huerto real.

Vista de la fachada este

Un detalle que refleja la simetría del estilo renacentista que lo invade todo se contempla alineando visualmente el conjunto arquitectónico con la cúpula de la basílica. Un ejercicio que siempre sorprende a los amantes de la Arquitectura y de su hermana pequeña, la albañilería.

Por todas partes vemos círculos y triángulos, algunos de ellos curvilíneos. Estas figuras geométricas repiten una y otra vez a los cuatro vientos el principio y el fin de los ciclos, como el solar o incluso el de la vida.
Y un detalle final referido a esta fachada este: el remate lateral del paramento con las dos torres gemelas de 56 m. de altura terminadas con chapiteles herrerianos, una magnífica foto.

Para acercarnos a la fachada oeste, la principal del conjunto, es preciso salir del Jardín de los Frailes.

Vista de la fachada oeste

Sus medidas son: 207 m. de largo y 20 m. de altura. Está rematada, igual que ocurre con su fachada gemela, con otras dos torres de 56 m. de altura igualmente acabadas con chapiteles.


Lonja oeste
A sus pies discurre la lonja oeste o principal, más de 10.000 m2. de superficie donde antaño se reunía al ejército antes de salir de campaña. Actualmente sirve como lugar de descanso y para disfrutar de conciertos al aire libre.
Sobre la puerta principal vemos el escudo de Felipe II y la estatua de 4 m. de altura realizada en granito y mármol blanco que representa a San Lorenzo.

Detalle de la fachada principal
Ese acceso nos permite el paso a dos joyas del recinto de las cuales hablaremos en sucesivas entradas: el Patio de los Reyes y la Basílica.

Y nos queda pendiente la fachada norte.



Vista de la fachada norte
Como su hermana gemela, mide 161 m. de largo. Aquí está el acceso para visitar el interior del Monasterio, previo pago de lo que corresponda según mil y un supuestos incluyendo los gratuitos, todos expuestos a un lado de las taquillas.
Merece la pena pasar por una de ellas y recorrer lo que esconde en sus entrañas este inmenso museo que es el Monasterio de El Escorial. Esa visita se presentará en el post “Ruta 13”.

Tal y como ocurre con la fachada oeste, esta también dispone de lonja.

Lonja norte
Pero lo que la mayoría desconoce es que bajo ella hay un pasadizo subterráneo llamado La Mina, que sirvió durante siglos para conectar las Casas de Oficios situadas de frente a la fachada y el zaguán del Palacio.

Otra curiosidad de esta fachada es la piedra situada hacia el final de la misma, justo donde termina la lonja.

En ella se puede ver la distancia hasta la capital del reino: 62 leguas y 1.191 varas. Claro, no existía la A-6…

Si te apetece hacer algunos fotos espectaculares, ahí mismo hay un mirador dirigido hacia los jardines del Monasterio.

Y colorín, colorado, el cuento de las fachadas ha terminado. Hay mucho más, pero espero que lo descubras en tu visita personal.

Así lo pienso y así lo escribo.

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